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domingo, 21 de noviembre de 2010

Las desconocidas: Irena Sendler

Irena Sendler nació el 15 de febrero de 1910 en Varsovia. Cuando en 1939 Alemania invadió el país, ella era una enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia, que eran los que se ocupaban de los comedores comunitarios de la ciudad. Allí ayudó tanto a judíos como a católicos. No sólo se ocupaban de dar comida sino que entregaban ropa, medicinas y algo de dinero inscribiendo a las personas con nombres católicos para evitar las suspicacias de los alemanes.


En 1942 los nazis crearon un gueto en Varsovia. Irena se unió al consejo para la ayuda de los Judíos (Zegota) al ver las condiciones en las que vivían en aquel lugar. Zegota era una organización secreta que actuó desde 1942 a 1945. En seguida empezó a trabajar para conocer los principales problemas en cuanto al rescate, idear un plan de acción y reclutar gente para que lo llevara a cabo. Ella misma dijo:

"Conseguí para mí y para mi compañera Irena Schultz, identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas. Más tarde tuve éxito en conseguir pases para otras colaboradoras. Como los alemanes invasores tenían miedo de que se desatara una epidemia de tifus, toleraban que los polacos controláramos el recinto."

Cuando ella estaba por las calles del gueto, llevaba el brazalete con la estrella de David como símbolo de su solidaridad y para no llamar la atención. Se puso en contacto con varias familias a las que se ofreció para llevarse a sus hijos fuera del gueto pero sin ninguna garantía. Lo único de lo que estaban seguros es de que si los niños se quedaban allí morirían. Muchas madres y abuelas no querían entregar a sus niños, algo normal. A veces, cuando regresaban Irena u otra de las chicas para convencer a las madres se encontraban con que era tarde y todos habían sido llevados a los campos de concentración.
A lo largo de un año y medio, hasta la evacuación del gueto en 1942, consiguió rescatar a más de 2500 niños por diferentes vías. Al principio los sacaba en ambulancias como víctimas del tifus pero pronto se sirvió de cualquier cosa para esconderlos como sacos, cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercancías, bolsas de patata, ataúdes,... Otra manera era a través de una iglesia con dos accesos, uno al gueto y otro secreto al exterior. Los niños entraban como judíos y salían al otro lado bendecidos como nuevos católicos.

La actividad de Irena era frenética, como la posibilidad de ser descubierta. "No hice todo lo que pude, podría haber hecho más, mucho más y haber salvado así a más niños" se lamentaría mucho tiempo después.

Uno de los propósitos de Irena es que, cuando todo acabara, esos niños recuperaran su identidad, sus historias personales y familia. Por ello ideó un archivo en el que registraba los nombres de los niños y sus nuevas identidades. Escondió en un tarro de cristal los nombres y tuvo el tarro escondido durante toda la ocupación nazi.

El 20 de octubre de 1943, los nazis supieron de sus actividades, fue detenida por la Gestapo y llevada a la prisión de Pawlak donde fue torturada. Era la única que sabía las identidades y las direcciones de las familias que tenían a los niños judíos. No dijo nada, se negó a traicionar a sus colaboradores y revelar nada sobre los niños escondidos. La sentenciaron a muerte y mientras esperaba para ser ejecutada un soldado alemán se la llevó para un "interrogatorio adicional" y al salir le gritó en polaco: "¡CORRA!"

Al día siguiente su nombre estaba en la lista de polacos ejecutados. Los miembros del Zegota lograron detener la sentencia sobornando a los alemanes e Irena continuó trabajando bajo una identidad falsa.

Durante el levantamiento de Varsovia, en 1944, enterró los tarros de vidrio con las identidades en el jardín de su vecina para asegurarse de que llegarían a las manos indicadas si ella moría. Al finalizar la guerra, la propia Irena los desenterró y le dio las notas al doctor Adolf Berman, primer presidente del Comité de Salvamento de los Judíos Supervivientes. Desafortunadamente la mayoría de las familias de los niños habían muerto en los campos de concentración. En un principio los niños que no tenían una familia adoptiva eran cuidados en diferentes orfanatos y paulatinamente se les envió a Palestina.

Durante años, la historia de la heroína polaca permaneció oculta hasta que en 1999 un grupo de estudiantes estadounidenses dio con ella en una investigación sobre los héroes del Holocausto.

"Yo no hice nada especial, sólo hice lo que debía, nada más." Esa era su opinión sobre sus actos.

Los niños sólo conocían a Irena por su nombre en clave "Jolanta" pero años más tarde cuando se difundió su foto en un periódico tras ser premiada por sus acciones humanitarias durante la guerra, un hombre le llamó por teléfono y le dijo: "Recuerdo su cara, usted fue quien me sacó del gueto." A esta llamada le siguieron muchísimas más durante el resto de su vida.

En 1965 la organización Yad Vashem de Jerusalén le otorgó el título de Justa entre las naciones y se la nombró ciudadana honoraria de Israel. En 2003, el presidente de la República Aleksander Kwasniewski, le concedió la más alta distinción civil en Polonia: La Orden del Águila Blanca. En el 2007, el gobierno de Polonia la presentó como candidata para el premio Nobel de la Paz, premio que finalmente se llevó el vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore.

Irena Sendler, conocida como "El ángel del gueto de Varsovia" murió el 12 de mayo de 2008 (a los 98 años) en Varsovia, Polonia.


"La razón por la cual rescaté a los niños tiene su origen en mi hogar, en mi infancia. Fui educada en la creencia de que una persona necesitada debía ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o su nacionalidad." Irena Sendler.

martes, 24 de agosto de 2010

Las desconocidas: Gerda Taro


Gerda Taro y su máquina de escribir.

Hace poco, leyendo una de las revistas que suele haber por la biblioteca, me topé con la historia de una mujer que, como tantas otras, tuvo que trabajar a la sombra de un hombre... He decidido crear una nueva categoría que se llamará "Las desconocidas" donde intentaré contar la historia de mujeres que perdieron su propia sombra para trabajar bajo la sombra de otra persona.Este es el caso de Gerda Taro que trabajo mano a mano con Andre Friedmann y juntos crearon al personaje Robert Capa... pero luego fue él el que se llevó toda la fama.

Gertha Pohorylle, verdadero nombre de Gerda Taro, nació en 1910 en Stuttgart (Alemania), en el seno de una familia judía de la clase alta burguesa.

Ya desde pequeña apuntaba que sería una chica rebelde, de autoestima inquebrantable, gran energía y belleza. Se suponía que acabaría casándose con un industrial inglés para vivir como enfant terrible, dentro de la alta sociedad. Pero las deudas de su padre hacen que tengan que huir de Stuttgart hacia Leipzig.

Gerta conoce a Georg Kuritzkes, hijo de Dinah Gelbke, revolucionaria, comunista y conocida de Lenin. Con ellos descubre su verdadero mundo y sale la mujer política de convicciones muy fuertes contra el fascismo, la dictadura y un mundo inhumano.

El 30 de enero de 1933, Hitler es proclamado canciller del Reich. La actividad política la lleva rápidamente a un enfrentamiento con el régimen. Gerda huye con una amiga a París. En esta ciudad de exiliados conoce a un joven húngaro, André Friedmann y se enamoran, cosa que no mitiga la pobreza ni el hambre de ambos pero que tal vez la alivia. Él fotógrafo sin trabajo fijo, ella trabajando en la agencia Alliance Photo de María Eisner (una de las cabezas de Magnun Photo). Para conseguir el permiso de residencia Gerda se hace aprendiz de Andre, primero en el laboratorio, después con su cámara. Su meta es conseguir un permiso de trabajo y como consecuencia un permiso de residencia y a los periodistas se les concedía automáticamente.

Gerda Taro y Andre Friedmann

Con la venta de algunas fotos se libran de la extradición a la Alemania nazi. Pero su trabajo no sale adelante hasta que una noche Gerda propone a Andre la creación de un personaje: el famoso fotógrafo americano Robert Capa. Se inventan que ha venido a trabajar a Europa pero que, como es tan famoso y conocido, no puede quedar con nadie y vende sus fotos a través de sus representantes: Friedmann y Pohorylle al tripe del precio de un fotógrafo francés. El truco funciona vendiendo fotos, indistintamente, de Andre o Gerda.


Milicianas.

En el 36, ambos se trasladan a España para captar el horror de la Guerra Civil. pasan la frontera cuando ella apenas había cumplido los 26 y él los 23. Armados con una Leica (usado sobre todo por Andre) y una Rolleiflex (usada por Gerda) sacan las primeras fotos en una Barcelona hirviente y segura de la victoria. Ambos centran su interés en la gente sometida a las diversas situaciones de la guerra. Viajan a Córdoba donde Andre consigue la instantánea de la muerte de un miliciano y esta foto le hace famoso casi al momento. Nunca sabremos si la captó Gerda o Friedmann.

Gerda Taro en la batalla. Foto de Robert Capa.

El nombre de "Capa" fue usado indistintamente por los dos. Luego lo cambiarían por "Capa & Taro", y más tarde salió la marca de Gerda: "Photo Taro". Así intentó salir de la sombra de su, cada vez más famoso, novio. A nivel personal no tiene problema gracias a su personalidad pero a nivel profesional no avanza.

Miliciana.

El cambio se produce casi un año más tarde en Madrid. Su relación con Friedmann se había enfriado. A pesar de rechazar una propuesta de matrimonio de él, no rechaza la idea de irse con él a China a fotografiar el ascenso de Mao Zedong. Cuando vuelve a Madrid, después de haberse publicado sus fotos sobre la toma de Brunete, Gerda es admirada por su valor y por sus fotos.


Tres días después de la publicación de las fotos de la famosa victoria de Bruneta, los nacionales intentan retomar el pueblo. Ella quiere ir al frente. Una vez allí, busca un hoyo donde esconderse. Poco después la aviación alemana e italiana comienzan el ataque. Gerda no para de sacar fotos. De vuelta, les dejaron subirse al estribo del coche desde donde pudieron ver los muchos heridos y muertos tendidos junto a la carretera. De repente aparecieron aviones a baja altura. Un tanque republicano se descontroló, rozó el coche, hizo caer a Gerda que acabó debajo de las cadenas del tanque.

Murió tras una noche de agonía a los 27 años.


Gerda Taro dormida. Foto de Robert Capa

Andre Friedmann publicó, poco después de su muerte, un libro llamado "Death in the making" dedicado a Gerda Taro en donde incluye, entre las suyas, muchas fotos de ella pero sin especificar de quién son cada una.